Flora y Fauna

Determinar el uso actual del suelo e identificar sus principales coberturas vegetales, nos permite establecer los grados de intervención del hombre en ecosistemas de interés, cuál es su estado de conservación, además de identificar los principales conflictos socio ambientales existentes y establecer las responsabilidades sociales en el deterioro y las estrategias de ordenamiento y restauración.

  

En la parroquia San Miguel existen dos tipos de ecosistemas naturales:  

Bosque Siempre–Verde Montano Alto de los Andes Orientales: Esta formación vegetal se extiende desde los 2 800 hasta 3 100 msnm. Incluye vegetación de transición entre los bosques montano-altos y el páramo. Según las observaciones realizadas en campo, se estima que aproximadamente en un 80 % de esta formación está conformada por bosque natural intervenido, y el porcentaje restante por pastos plantados.

 

 

Matorral Húmedo Montano de los Andes del Norte y Centro: Se distribuyen en los valles relativamente húmedos entre 2400 y 3000 msnm. La cobertura vegetal está casi totalmente destruida y ha sido reemplazada por cultivos o por bosques de Eucalyptusglobulus, ampliamente cultivado.

Existen dos tipos de ecosistemas; los naturales: que se formaron por obra de la evolución natural, las plantas y los animales, están relacionados entre sí, tan estrechamente que dependen unos de otros; por lo que decimos que existe un equilibrio, en el que unos alimentan a otros salvo que el hombre o alguna catástrofe natural o la propia evolución generen algún desequilibrio; y los artificiales: que son aquellos creados por el hombre o en donde el sí interviene.

 

-FLORA.

Arboricultura-Cultivos.- Este uso de suelo está determinado por la presencia de árboles forestales combinados con cultivos de maíz hortalizas y algunos frutales. Este uso de suelo ocupa un área de 66.55ha que representa el 2.20/% del territorio en la parroquia, localizado mayoritariamente en la zona baja a orillas del rio Burgay.

 

 

Vegetación Arbustiva.- En la parroquia se ven pequeños remanentes de vegetación arbustiva localizados en el bosque protector, en quebrados y laderas con moderadas pendientes, comúnmente se encuentran deterioradas y sufren constantemente el peligro de desaparecer por la mala utilización y el avance de la frontera agrícola y pecuaria.

Todas las comunidades de la Parroquia San Miguel, poseen la formación vegetal de Bosque Siempre-Verde Montano Alto de los Andes Orientales ocupando un área de 2337.99 que representa el 77.40% de su territorio total. Mientras que las comunidades de Jarata, Shorshan, Olleros, Pacchapamba, Jatupamba, y San Vicente ocupan un área de 682.82ha de Matorral Húmedo Montano de los Andes del Norte y Centro que representa el 22.60% del total de su territorio.

 

Áreas de conservación o Manejo Ambiental

En la parroquia San Miguel existe el área de Bosque y Vegetación Protector Pichahuayco, que se declara mediante Acuerdo Ministerial Nº- 0292, publicado en el suplemento Nº- 255 del Registro Oficial del 22 de Agosto de 1985, con una cabida de 770.36 ha como categoría de: Sitio Natural, Tipo: Sistema de área protegida, y Subtipo: Bosque Protector. El área tiene presión de uso, sus bosques y chaparros son explotados como fuente energética para la cocción y elaboración de la ollas de barro de algunos artesanos de la comunidad de Jatumpamba, así como para otros usos, quedando al momento solo un matorral degradado con pequeños espacios de bosque más desarrollado.

En las comunidades de Jarata y Shorshan se encuentra emplazado el Bosque Protector Pichahuayco, ocupando un área de 166.03ha que representa el 5.98 % del total de su territorio, que es de 777.53 ha.

 

 

-FAUNA.

De la fauna registrada, existe una especie considerada como depredadora de animales domésticos (Tirira, 2007), por esta razón es cazada por los campesinos. Si esta especie desaparece de estos ecosistemas existe el riesgo de un desequilibrio ecológico y no se cumplan los objetivos de conservación del bosque protector. Coendou quichua es Vulnerable (Vu)4 presenta una importancia ecológica determinante y es endémica, al ser una especie de distribución limitada nos indica el estado del ecosistema y sería recomendable realizar estudios a través de capturas en donde se analice su abundancia y comportamiento.

 

 

Como se describe, la calidad del hábitat está determinada por el estado de conservación de las especies, su riqueza y abundancia, en este caso hemos identificado algunas especies endémicas o vulnerables que se encuentran en los dos pisos de la parroquia, todas estas especies requieren que sus hábitats presenten condiciones adecuadas para vivir; buenas condiciones climáticas, disponibilidad de alimento, territorio y variabilidad genética siendo indispensable conservar algunas especies simbólicas como: Vultur gryphus (cóndor andino) y Tremarctos ornatus ( oso de anteojos) que pueden utilizar zonas de la parroquia para transitar y migrar hacia el Parque Nacional Sangay.

La parroquia San Miguel de Porotos por presentar un relieve irregular, muestra algunos ecosistemas con servicios ambientales, tales como:  

 

 

Ecosistema natural: vegetación natural, fauna, bosque protector Pichahuayco, cuencas hidrográficas, Ecosistema artificial: zonas agrícolas, áreas turísticas; entre otras.

Desafortunadamente, la transformación y degradación de los ecosistemas naturales también ha llevado al deterioro de la calidad de sus servicios ambientales, como por ejemplo la remoción del bosque en ciertas zonas montañosas, la erosión del suelo, caza de animales, la agricultura tradicional, etc.  

Podría decirse que las amenazas a los servicios ambientales provienen, en última instancia, de dos importantes factores: por un lado, del desmedido crecimiento de las necesidades de la sociedad humana (dados por el creciente tamaño poblacional y el consumo, así como por los impactos ambientales que producen las tecnologías que generan y abastecen los productos) y por otro, por la falta de congruencia entre las políticas de incentivos económicos que benefician a unos cuantos en el corto plazo y perjudican la visión del bienestar social de las generaciones futuras en el largo plazo.

 

 

En este sentido, es fundamental la definición y asignación del valor económico justo a los servicios eco sistémicos y a la biodiversidad que los produce. De lograrse esta tarea podría obtenerse beneficios altamente significativos a la sociedad, que el pago por los servicios ambientales que brindan los ecosistemas podría favorecer, que la inversión en su recuperación sea más atractiva, lo que propiciaría la recuperación de la cubierta vegetal y su biodiversidad, particularmente en las todas las zonas rurales.

 

 

 

 

 

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